NOVENA A SAN JUAN DE DIOS PARA LOS HERMANOS Y AMIGOS DE IDIOMA ESPANOL

  Fiesta 8 de marzo

 

En el nombre del Padre,

y del Hijo,

y del Espíritu Santo.

Archivo:Bloch-SermonOnTheMount.jpg

DanimarcRepresentación del episodio del Sermon del Monte en el que, según el Evangelio Jesùs de Nazarte dio a conocer el texto en el que se basa la oración del Padre nuestro. Obra de Carl Heinrich Bloch, conservada en el Nationalhistoriske Museum pa Frederiksborg Slot, Castillo Frederiksborf.

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Amén.

  • Creo en Dios Padre, Todopoderoso,
  • Creador del cielo y de la tierra.
  • Y en Jesucristo su único Hijo, Nuestro Señor;
  • que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo;
  • y nació de Santa María Virgen;
  • padeció bajo el poder de Poncio Pilato;
  • fué crucificado, muerto y sepultado;
  • descendió a los infiernos;
  • al tercer día resucitó de entre los muertos;
  • subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre
  • Todopoderoso;
  • desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
  • Creo en el Esprítu Santo;
  • en la Santa Iglesia Católica;
  • la comunión de los santos;
  • el perdón de los pecados;
  • la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 SAN JUAN DE DIOS 1495 – 1550

ORACIÓN PARA PEDIR SU INTERCESIÓN

¡Glorioso San Juan de Dios, caritativo protector de los enfermos y desvalidos!

Mientras vivisteis en la tierra no hubo quien se apartase de vos desconsolado:

– el pobre halló amparo y refugio;

– los afligidos consuelo y alegría;

– confianza los desesperados y alivio en sus penas y dolores todos los enfermos.

 Si tan copiosos fueron los frutos de vuestra caridad estando aún en el mundo, ¿qué no podremos esperar de vos ahora que vivís íntimamente unido a Dios en el Cielo?

 Animados con este pensamiento, esperamos nos alcancéis del Señor la gracia de si es para mayor gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.  

BENDICIÓN DE SAN JUAN DE DIOS a los bienhechores de los pobres  

¡Oh buen hermano, oh buena hermana! Bendito seáis de Dios de vosotros, y toda vuestra generación. Desde aquí no puedo veros, os echo mi bendición, aunque indigno pecador, D ios que os hizo y os crió os de gracia con que os salvéis. Amén Jesús.   La bendición de Dios Padre, y el amor del Hijo, la gracia del Espíritu Santo sea siempre con vosotros y con todos y conmigo. Amén Jesús.   De Jesucristo seáis consolados y socorridos, pues por Jesucristo me ayudaste y socorriste hermano y hermana mía en Jesucristo.   (De la carta tercera del Santo a doña María de Mendoza de Sesa)

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS  

Me dirijo a ti, San Juan de Dios, Padre de los pobres y enfermos, que compartiste los sufrimientos de los demás, y ahora estás junto al Divino Samaritano para ser nuestro intercesor ante la salud y la enfermedad.   Te pido que tu recuerdo nos acompañe siempre, que pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, y que demos sentido a la misma desde el amor hecho servicio. Cuento contigo, San Juan de Dios, que sepa imitarte. Amén.  

Rezar a continuación la oración del día que corresponda:  

DÍA PRIMERO  Fe de San Juan de Dios, por Cristo, con la Iglesia.

Para ti, San Juan, el Dios “que te hizo y te crió” fue desde tu conversión el centro de tu existencia: “viendo a Dios todos los días” y “siendo fuerte y constante en su servicio”. Ese “Dios, preferido a todas las cosas del mundo”, era el encarnado en Cristo “al que deseabas servir y agradar”. Así reafirmabas tu fe en Dios, por Cristo, con la Iglesia: “aceptando todo lo que tenía y creía la Santa Madre Iglesia; de ahí no salías y echaba tu sello y cerrabas con tu llave”.Esa era tu fe, San Juan de Dios, hecha vida. Concédeme que yo la comprenda y la viva como tú. Amén.  

DÍA SEGUNDO  Esperanza de San Juan de Dios hecha confianza.

Tú, San Juan de Dios, expresas tu esperanza: “vuestro menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere, muriendo mas empero callando y en Dios esperando”. Para ti, Dios es el Señor, nuestro destino: “Yo espero en Dios que algún día será descanso para nuestras almas”. Tu esperanza era confianza existencial y salvífica, y desconfianza de nosotros: “no confiar en sí mismo, sino en solo Jesucristo, pues El sabe mi corazón, y nos dará la vida eterna”. Desde tu esperanza y fe, San Juan de Dios, ayúdame a ver a Dios como Padre y a fiarme de su amor. Amén.    

DÍA TERCERO    Caridad misericordiosa de San Juan de Dios.

Tú, San Juan de Dios, escribiste “tened siempre caridad, que donde no hay caridad, no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está”. Esta caridad será misericordiosa: “si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos”. Caridad expresada en Amor Misericordioso. Tu espiritualidad hace referencia a los necesitados como representación del Cristo sufriente, una nueva presencia en el que sufre. ¡Cuánto misterio y qué grande fe! San Juan de Dios, házmelo aceptar, aunque no lo comprenda. Amén.  

DÍA CUARTO    San Juan de Dios y la salvación.

Tú, San Juan de Dios, “deseabas la salvación de todos como la tuya misma. Amén Jesús”. Esta salvación es don, “Jesucristo os guarde y salve”, y responsabilidad del hombre: “el buen vivir es la llave del que salvarse sabe”. Para ti, “esta vida es una continua guerra con el mundo, y el demonio, y la carne”, y “cual nos hallare el Señor tal nos juzgará, bueno será enmendarnos con tiempo”. Ayúdame, San Juan de Dios, a dar sentido a mi vida. Amén.  

DÍA QUINTO    San Juan de Dios, pobre pero confiado.

 ¿Qué matemáticas eran las tuyas, San Juan de Dios?. “Estoy con mucha necesidad, empeñado y cautivo por solo Jesucristo. Son muchos los pobres, y como no los puedo socorrer, estoy muy triste”. Pero añades: “Confío en solo Jesucristo que me desempeñará; todo lo mantiene y provee Dios cada día. Dar acá, dar allá, todo es ganar”. Que yo, San Juan de Dios, aprenda tu sensibilidad, tu criterio transcendente y sepa imitarte. Amén.  

DÍA SEXTO  San Juan de Dios, limosnero de Dios.

Tu pregón cada tarde, Juan de Dios, era: “Haceos bien a vosotros mismos,   dando limosna a los pobres”. Para ti la limosna enriquece al que da y al que recibe. “La limosna está delante de Jesucristo rogando por vos, y los ángeles la tienen asentada en el libro de la vida. El anillo está bien empleado, que dos pobres llagados hice vestir”. “¡Quién no da de lo que tiene a este bendito mercader pues hace tan buena mercancía!” Ábreme, San Juan de Dios, la mente, el corazón y la mano.  

DÍA SÉPTIMO    San Juan de Dios, esclavo de Jesús y María.

Jesús y María centraban, San Juan de Dios, tu ser: “En nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, el menor esclavo de los esclavos”. En tu vivir “deseabas siempre servirles y agradarles; todo sea para su servicio”. Como ideal, “querías tomar ejemplo de la Virgen María, la cual tejía y trabajaba todo el día, y de noche y parte del día oraba en su retiro”. Que yo sepa, San Juan de Dios, cobijarme en Jesús y María y sean mi ideal de cristiano.  

DÍA OCTAVO    San Juan de Dios, Fundador por los pobres.

Para ti, Juan de Dios, pobres eran los maltratados, abandonados, enfermos, incurables, llagados que “al verlos te quebraron el corazón”. Escribiste: “desvelarse en curarles, hacerles bien y caridad, sustentarles, vestir y curar”.

De tu ejemplo nacen tus Hermanos Hospitalarios y surge tu obra de caridad; y ya son cuatro siglos y medio que sigues entre los pobres por medio de tantos que directa e indirectamente continúan tu misión. Que tu ejemplo no se desvirtúe, San Juan de Dios, y los pobres cuenten a su lado con unas manos y un corazón. Amén.  

DÍA NOVENO    San Juan de Dios, Patrón por su Hospitalidad.

Desde tu ejemplo, San Juan de Dios, fuiste proclamado Patrón de Enfermos, Hospitales, Enfermeros y Asociaciones Sanitarias por León XIII y Pío IX; en España también del Cuerpo de Bomberos. Sé de todos ellos su intercesor, para que los pobres y enfermos estén sobre otros intereses sociales, económicos y políticos, los hospitales sean en verdad santuarios de salud y humanización y los sanatorios actúen con responsabilidad y ética, con profesionalidad y técnica, con servicialidad, respeto y defensa de la vida. Así sea.   

   

  ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

 Me dirijo a ti, San Juan de Dios, Padre de los pobres y enfermos, que compartiste los sufrimientos de los demás, y ahora estás junto al Divino Samaritano para ser nuestro intercesor ante la salud y la enfermedad. Te pido que tu recuerdo nos acompañe siempre, que pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, y que demos sentido a la misma desde el amor hecho servicio. Cuento contigo, San Juan de Dios, que sepa imitarte. Amén.  

Rezar a continuación la oración del día que corresponda:

 DÍA PRIMERO    Fe de San Juan de Dios, por Cristo, con la Iglesia.

Para ti, San Juan, el Dios “que te hizo y te crió” fue desde tu conversión el centro de tu existencia: “viendo a Dios todos los días” y “fuerte y constante en su servicio”. Ese “Dios, preferido a todas las cosas del mundo”, era el encarnado en Cristo “al que deseabas servir y agradar”. Así reafirmabas tu fe en Dios, por Cristo, con la Iglesia: “aceptando todo lo que tenía y creía la Santa Madre Iglesia; de ahí no salías y echaba tu sello y cerrabas con tu llave”. Esa era tu fe, San Juan de Dios, hecha vida. Concédeme que yo la comprenda y la viva como tú. Amén.  

DÍA SEGUNDO    Esperanza de San Juan de Dios hecha confianza.

 Tú, San Juan de Dios, expresas tu esperanza: “vuestro menor hermano Juan de Dios, si Dios quisiere, muriendo mas empero callando y en Dios esperando”. Para ti, Dios es el Señor, nuestro destino: “Yo espero en Dios que algún día será descanso para nuestras almas”. Tu esperanza era confianza existencial y salvífica, y desconfianza de nosotros: “no confiar en sí mismo, sino en solo Jesucristo, pues El sabe mi corazón, y nos dará la vida eterna”. Desde tu esperanza y fe, San Juan de Dios, ayúdame a ver a Dios como Padre y a fiarme de su amor. Amén.  

DÍA TERCERO    Caridad misericordiosa de San Juan de Dios.

 Tú, San Juan de Dios, escribiste “tened siempre caridad, que donde no hay caridad, no hay Dios, aunque Dios en todo lugar está”.   Esta caridad será misericordiosa: “si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos”. Caridad expresada en Amor Misericordioso. Tu espiritualidad hace referencia a los necesitados como representación del Cristo sufriente, una nueva presencia en el que sufre. ¡Cuánto misterio y qué grande fe! San Juan de Dios, házmelo aceptar, aunque no lo comprenda. Amén.  

DÍA CUARTO    San Juan de Dios y la salvación.

Tú, San Juan de Dios, “deseabas la salvación de todos como la tuya misma. Amén Jesús”. Esta salvación es don, “Jesucristo os guarde y salve”, y responsabilidad del hombre: “el buen vivir es la llave del que salvarse sabe”. Para ti, “esta vida es una continua guerra con el mundo, y el demonio, y la carne”, y “cual nos hallare el Señor tal nos juzgará, bueno será enmendarnos con tiempo”. Ayúdame, San Juan de Dios, a dar sentido a mi vida. Amén.      

DÍA QUINTO    San Juan de Dios, pobre pero confiado.

¿Qué matemáticas eran las tuyas, San Juan de Dios?. “Estoy con mucha necesidad, empeñado y cautivo por solo Jesucristo. Son muchos los pobres, y como no los puedo socorrer, estoy muy triste”. Pero añades: “Confío en solo Jesucristo que me desempeñará; todo lo mantiene y provee Dios cada día. Dar acá, dar allá, todo es ganar”. Que yo, San Juan de Dios, aprenda tu sensibilidad, tu criterio transcendente y sepa imitarte. Amén.

DÍA SEXTO    San Juan de Dios, limosnero de Dios.

Tu pregón cada tarde, Juan de Dios, era: “Haceos bien a vosotros mismos, dando limosna a los pobres”. Para ti la limosna enriquece al que da y al que recibe. “La limosna está delante de Jesucristo rogando por vos, y los ángeles la tienen asentada en el libro de la vida. El anillo está bien empleado, que dos pobres llagados hice vestir”. “¡Quién no da de lo que tiene a este bendito mercader pues hace tan buena mercancía!” Ábreme, San Juan de Dios, la mente, el corazón y la mano.  

DÍA SÉPTIMO    San Juan de Dios, esclavo de Jesús y María.

Jesús y María centraban, San Juan de Dios, tu ser: “En nombre de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra Señora la Virgen María, el menor esclavo de los esclavos”. En tu vivir “deseabas siempre servirles y agradarles; todo sea para su servicio”.   Como ideal, “querías tomar ejemplo de la Virgen María, la cual tejía y trabajaba todo el día, y de noche y parte del día oraba en su retiro”. Que yo sepa, San Juan de Dios, cobijarme en Jesús y María y sean mi ideal de cristiano.  

DÍA OCTAVO    San Juan de Dios, Fundador por los pobres.

 Para ti, Juan de Dios, pobres eran los maltratados, abandonados, enfermos, incurables, llagados que “al verlos te quebraron el corazón”. Escribiste: “desvelarse en curarles, hacerles bien y caridad, sustentarles, vestir y curar”.   De tu ejemplo nacen tus Hermanos Hospitalarios y surge tu obra de caridad; y ya son cuatro siglos y medio que sigues entre los pobres por medio de tantos que directa e indirectamente continúan tu misión. Que tu ejemplo no se desvirtúe, San Juan de Dios, y los pobres cuenten a su lado con unas manos y un corazón. Amén.  

DÍA NOVENO    San Juan de Dios, Patrón por su Hospitalidad.

Desde tu ejemplo, San Juan de Dios, fuiste proclamado Patrón de Enfermos, Hospitales, Enfermeros y Asociaciones Sanitarias por León XIII y Pío IX; en España también del Cuerpo de Bomberos.   Sé de todos ellos su intercesor, para que los pobres y enfermos estén sobre otros intereses sociales, económicos y políticos, los hospitales sean en verdad santuarios de salud y humanización y los sanatorios actúen con responsabilidad y ética, con profesionalidad y técnica, con servicialidad, respeto y defensa de la vida. Así sea.

 

“Oh Jesús Bendito de mi alma, Os adoro en Esta , La Sagrada Hostia, Presencia Real de vuestro Cuerpo y de vuestra Sangre. Blanca Hostia, Inmaculada Hostia, Os adoro porque por mí, estáis aquí. Me amáis, aún sabiendo que mi corazón está sucio de pecados. Gracias os doy. Amén.”  

 “Os adoro mi Jesús, Vos que siendo Dios y muriendo por mí ¡Oh , Cruel muerte la vuestra! Quisisteis quedarte en esta humilde forma. Bendito Seáis mi Señor! Hermoso Corazón que me ama a pesar de mi gran debilidad de hombre pecador. ¡Yo, Oh Jesús, siento en mi alma arder el fuego de vuestro Amor.

Jesús,¡Oh mi Amado y dulce Redentor! Os amo ahora, y por siempre os amaré igual. Amén.”    “Jesús Sacramentado. Sacramento de Amor. Entrad en mí, y no salgáis nunca de allí, Aún sabiendo mi condición de pecador. ¡Sé Señor , que mucho os ofendo, sé Señor cuán herido vuestro Corazón esta por mí!. Pero ¡Oh Dulce Señor, ignoradlo! Y abrazad mi alma, que tanto necesita vuestro consuelo. os amo, os amo y me abandono En vuestro Amor tierno y Misericordioso. ¡Oh Sagrada e Inmaculada forma, os doy gracias!. Amén.”

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BASILICA DE SAN JUAN DE DIOS EN GRANADA

    

SAN RICCARDO PAMPURI L’EREDE ITALIANO DELLO SPIRITO DI SAN GIOVANNI DI DIO IL “MENDIGO DE GRANADA”  CHE USAVA TRE STRUMENTI:

LA FEDE, IL BASTONE E LA SPORTA.

SAN GIOVANNI DI DIO OGGI

. L’ospedale della foresta (Rai Tre)

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Una risposta a NOVENA A SAN JUAN DE DIOS PARA LOS HERMANOS Y AMIGOS DE IDIOMA ESPANOL

  1. Deborath ha detto:

    Caro Angelo, ho iniziato ieri la novena, facendola in spagnolo, ti ringrazio, comunque per le mail che mi hai inviato e che ho ricevuto stavolta…Grazie anche per la preghiera che hai fatto per me…Stamattina in chiesa mi sentivo più forte e più leggera…Buona domenica.Con affetto…:0)

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